Desde la década de 1980, las limitaciones que ofrecían los modelos tradicionales utilizados para la evaluación y diagnóstico impulsaron un profundo cambio en la concepción de las dificultades de aprendizaje. Con lo anterior, se busca abandonar la idea que las dificultades de aprendizaje se centran de modo exclusivo en los problemas neurológicos, sensoriales o psicológicos de los alumnos. El nuevo enfoque propuesto busca incorporar a la evaluación diagnóstica del aprendizaje de los alumnos la “naturaleza y características de las actividades culturalmente situadas” en las cuales ellos participan en colaboración con otros. Es por esto que se busca incorporar en la comprensión de las dificultades de aprendizaje los procesos de interacción que se dan entre los tres principales componentes del contexto educativo:

– El sujeto que aprende

– El educador que guía el proceso de aprendizaje

– Los contenidos que constituyen el objeto de aprendizaje

Para asegurar el éxito del proceso de aprendizaje mediado, proponemos realizar una  evaluación orientada a conocer el estado de aquellas funciones neuropsicológicas que sustentan el proceso de aprendizaje “del niño que aprende”. Esto nos permitirá dirigir el proceso terapéutico al desarrollo/potenciación de aquellas habilidades que se encuentran descendidas y que interfieren en el desarrollo escolar del niño/niña.

Los beneficios finales serán:

  • Disminuir los niveles de estrés y ansiedad que generan las dificultades especificas del aprendizaje
  • Fortalecer la autoestima del niño
  • Un desempeño académico acorde a lo esperado.